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Abordas la COVID-19 desde una aproximación muy alejada de la retórica belicista habitual. Consideras el virus como una ventana de aprendizaje. ¿Por qué?

El virus es un pedagogo que nos está intentando decir algo. El problema es saber si vamos a escucharlo y entender lo que nos está diciendo. Lo dramático es que tiene que ser por esa vía de muertes para que nosotros, los europeos, los del Norte, que no estamos tan acostumbrados a epidemias y somos muy arrogantes, lo entendamos. Estamos ante una pedagogía nueva y por eso no me gusta la idea de la guerra, que hace del virus el enemigo al que hay que matar. Los virus son fundamentales para la vida, para los animales, para la naturaleza y también para nosotros, pero hemos desregulado los ciclos vitales de la naturaleza y de los animales y por eso ahora hay cambios, trastornos, en las transmisiones de virus que pueden llegar a los humanos. Si matamos el virus pero seguimos con el mismo modelo de desarrollo, de Estado y de sociedad, van a venir otros.

El filósofo Hans Jonas ya hablaba de la heurística del temor con su ética de la responsabilidad. Lo que no está tan claro es si alguna vez la humanidad ha aprendido de las catástrofes.

Realmente hay razones para ser pesimistas, pero soy un optimista trágico. Me empeño en ver alternativas. Mi pensamiento complejo no me permite dictar soluciones, pero me ayuda a definir caminos y ver los que pueden ser pervertidos. Tendremos que encontrar soluciones que partan de la vida y no de la muerte.

En líneas generales, Europa coincidió a la hora de no reaccionar al coronavirus hasta que se convirtió en un problema propiamente europeo, pero después su reacción ante la pandemia ha sido muy dispar. Un buen ejemplo es la comparativa entre España y Portugal. ¿Cómo interpretarlo?

«Debemos pensar formas autónomas de organización de los ciudadanos más allá de los partidos»

Estamos acostumbrados a pensar de Europa como si fuera el mundo y no es así. Es la parte de la arrogancia del Norte, que no está acostumbrado a las epidemias y que piensa que nunca va a llegar algo grave. Por eso los países europeos se descuidaron. Portugal tuvo ventaja sobre España porque está en un extremo, nos llegó un poco más tarde y fuimos aprendiendo: no es porque Portugal sea mejor, sino porque aprendimos más. Además, en Portugal, que apenas tenemos un diputado de extrema derecha y no tiene peso político, tuvimos bastante consenso político. El confinamiento y las políticas fueron muy consensuadas, con una disciplina enorme. Realmente Portugal lo está haciendo bien dentro de los límites de Europa; bien, si lo comparamos por ejemplo con Suecia, que tiene la misma población. Hubo mucho acuerdo político y la oposición de derecha moderada, el PSD (Partido Social Demócrata) de Rui Rio, dijo claramente que, en tiempos de pandemia, el enemigo es el virus, no el Partido Socialista. En España las cosas han sido muy distintas.

En el libro avanzas tres posibles escenarios tras la pandemia.

En un primer escenario, las cosas empeoran. La idea es volver a una normalidad que nunca va a llegar y que, con la crisis que tenemos ahora, nos va a generar una sociedad aún más injusta, más insegura y mucho menos democrática. Es el escenario que vamos a tener si nada cambia. El capitalismo financiero va a seguir endeudando a los países y estos van a tener que pagar sus deudas. Ya pasó en Ecuador, que para pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI) no ha tenido cómo enterrar a los muertos de Guayaquil. En ese sentido, Ecuador ha sido un laboratorio de lo que va a suceder en otros países. Es el peor escenario posible, lo que llamo el capitalismo gore, sangriento, muy violento, que va a matar a mucha gente.

El segundo escenario es cambiar para que todo quede igual. Los capitalistas están convencidos de que, si quieren continuar ganando, tiene que cambiar algo. No lo harán para cambiar el sistema ni para dejar de ser capitalistas, pues quieren seguir ganando, pero tienen que cambiar algo. Por ejemplo, la miseria no puede ser tan grande ni los países endeudarse tanto. Se habla, por ejemplo, de perdonar algunas deudas, pero no de cambiar el modelo de desarrollo. En este marco, llegará un punto donde tengamos un conflicto entre proteger la vida y mantener las libertades democráticas.

El tercer escenario es el de la alternativa civilizatoria y es en el que estoy trabajando. Esta civilización viene desde hace cinco o seis siglos y está llegando al final, sobre todo, en lo que respecta a nuestras relaciones con la naturaleza, que no tienen precedentes. Es el hecho de intentar convertir la naturaleza en un recurso natural infinitamente disponible. En este paradigma, vamos a intentar cambiar hacia otro modelo de desarrollo, hacia otro modelo de consumo, hacia otra matriz energética, hacia otro tipo de economías plurales. A mi juicio, la pandemia es una ventana de oportunidades para empezar a cambiar las cosas. Es por lo que estoy luchando, un proceso histórico que necesitará décadas.

¿En cuál de esos tres escenarios encajaría el Ingreso Mínimo Vital –que se queda lejos de la propuesta de una renta básica universal– que se acaba de aprobar en España? ¿Es un cambio para que todo siga igual o una herramienta para la transición?

La renta básica puede ser las dos cosas. Hay un concepto de André Gorz, la reforma revolucionaria, que persigue cambiar un modelo político y económico en su totalidad, pero avanzando. La renta básica, dependiendo de su monte (cuánto por encima de la pobreza) y de otros factores, puede ser un camino para una transición paradigmática o puede ser simplemente un parche. Cuando es temporal es una solución para ahora, nada más; si es permanente ya anuncia otra cosa. Vamos a entrar en la llamada cuarta transformación industrial de la inteligencia artificial, en la que va a haber una pérdida brutal de empleo, no por arriba ni por abajo, sino en los empleos medios, que van a ser robotizados en gran medida. Se calcula que una renta básica de ciudadanía universal puede ser la única manera de garantizar que existan todavía clases medias como las conocemos en Europa. Habrá que ver hasta dónde llega. Por sí misma, la renta básica es políticamente ambigua, pero acompañada por otras medidas puede tener un sentido político. Todo depende de esas otras medidas que se tomen.

Esa alternativa civilizatoria sobre la que llevas años reflexionando, ¿puede llegar de forma inminente precisamente por el impacto de la COVID-19?

Vamos a tener un período de transición, no podemos cambiar de forma inmediata a otro modelo civilizatorio; habrá un período de décadas de transición. Por eso dedico una buena parte del libro a los estudios de transición hacia sociedades postcapitalistas, postcolonialistas y postpatriarcales, que para mí son las tres cabezas de la dominación. Se trata de una transición profunda con dos pasos iniciales, pues son en los que podemos tener un poco más de consenso y en las transiciones hay que ser siempre un poco transclasistas, hay que crear algunas alianzas mínimas para posibilitar los cambios: la primera es este modelo de desarrollo de matriz energética y las relaciones con la madre tierra; el segundo es la refundación del Estado.

Respecto a esa refundación del Estado, defiendes la democratización de la democracia.

«Los dinosaurios acabaron con el meteorito y nosotros podemos acabar por nuestra forma de desarrollo»

El Estado tiene que ser refundado porque esta democracia liberal ha llegado a su límite. La democracia liberal no defiende a la gente. Decimos que en Europa tenemos las democracias más consolidadas, pero el continente es una mezcla de arrogancia, de no preparación, de neoliberalismo de la salud… una mezcla tóxica que muestra que los llamados países desarrollados están defendiendo peor la vida de la gente que los países menos desarrollados. Sudáfrica, por ejemplo, está entendiendo mucho mejor el virus que Holanda, España o Italia. Si se analiza el que se considera el país más desarrollado del mundo, Estados Unidos, resulta ser un Estado fallido. Con su poderío militar puede destruir este planeta varias veces, pero que no sabe defenderse de un virus porque no produce guantes, no produce mascarillas, ni ventiladores, ni tiene un Estado que pueda mostrar la protección de la vida del ser primero y de la economía después. Al contrario, afirma que la economía es lo primero. Es un sacrificio de vidas como solución final de las políticas sociales: la única manera de resolver las políticas sociales es matando, dejando morir a los que no son productivos. ¿Quién muere en Nueva York? Negros, empobrecidos. ¿Y en Brasil? Negros, empobrecidos. Es repugnante pensar que se puede prosperar por encima de un montón de cadáveres. En Europa es un poco distinto porque hay unas clases medias un poco más altas; es lo que pasa en Suecia, que teme ahora un caso de desastre al no haber hecho confinamiento. Pero ¿quién muere en Suecia? Los inmigrantes, en un porcentaje muy alto, que son quienes no se pueden quedar en casa y que están cuidando de los ancianos. Ese darwinismo social está por ahí.

Esta democracia está al final de su vida y es necesario complementarla con democracia participativa y deliberativa en el ámbito nacional. Por eso, en la transición democrática y paradigmática que propongo, uno de los pilares es la reforma política del Estado. Por ejemplo, no podemos quedarnos con tres órganos de soberanía, necesitamos un cuarto de control democrático y deliberativo de los ciudadanos. La primera constitución que lo contempló fue la de Ecuador, aunque después fue desvirtuada. El presidente [Lenin] Moreno intentó después llevársela a su terreno y la ha utilizado ahora en contra de todas las propuestas. Pero el hecho de que una idea sea caricaturizada en un país no quiere decir que la idea no sea buena.

Siguiendo con esa reflexión, comentas que la democracia representativa va a morir mediante la elección de líderes antidemocráticos como Jair Bolsonaro, Donald Trump o Viktor Orbán. Ante esta perspectiva, cabría preguntarse si las izquierdas tienen la suficiente imaginación transformadora como para democratizar la democracia o si, por el contrario, necesitan que el propio sistema se suicide para poder transformarlo.

Es un viejo debate dentro de la izquierda. Hay parte de la izquierda que dice que «cuanto peor, mejor», porque entonces el sistema muestra todas sus miserias y las cosas cambian antes. Pero cuando pensábamos eso lo hacíamos porque había una metanarrativa muy clara, que era una revolución, la herencia de Rusia, China y Cuba. Esas herencias, no sé si para siempre, pero para ahora no creo que estén vivas para ser utilizadas de forma creíble. Es verdad que mucha gente ya no tiene que perder nada más que las cadenas. Por ejemplo, hace unos días me decían en Chile que prefieren morir de coronavirus que de hambre; la opción es entre hambre o coronavirus y por eso salen a la calle a protestar, sin respetar el confinamiento. Es una situación límite, como dirían los existencialistas. No es política del límite, sino que el límite es la política. En ese escenario, podría estar de acuerdo, pero si observamos el mundo en su conjunto, no creo que podamos afirmar esa idea, porque todavía habría mucho más sufrimiento, muchas más muertes.

La vida no es de izquierdas ni de derechas, es vida. Lo que sucede es que la gente de izquierdas tiene mayor sensibilidad para defender la vida. No se puede organizar una narrativa que diga que vamos a tener mucha violencia, que va a ser peor porque va a morir mucha gente, hasta que se pueda reconstruir la sociedad. Esto es también lo que hace la extrema derecha. Por ejemplo, Bolsonaro lo ha dicho prácticamente con esas palabras. Yo, que trabajo con los movimientos sociales, no puedo tener esta posición. Tengo que encontrar una solución para la gente, aun sabiendo que todavía va a morir más gente. Como hombre de izquierdas, creo que tenemos que defender la vida y eso implica mostrar una alternativa y una transición. Yo viví en mi edad adulta una dictadura como la de España y ahí también está mi límite porque, para nosotros, la dictadura es otra cosa. Aunque claro que esto es una democracia de muy baja intensidad.

¿Cuál será el rol que jueguen los partidos políticos en esa democratización de la democracia?

Debemos pensar formas autónomas de organización de los ciudadanos, más allá de los partidos. Los partidos convencionales no tienen futuro, tienen necesidad de convertirse en partidos-movimiento, donde los programas y la elección de los candidatos sea hecha por los ciudadanos y no por las oligarquías partidistas. Hay que radicalizar la democracia. La revolución tiene que ser una radicalización total de la democracia. La democracia que existe hoy es una isla democrática en un archipiélago de despotismos: despotismos en la familia, en la fábrica, en el espacio público con el racismo, en las casas con la violencia contra las mujeres… No hay forma de democratizar solo el espacio político, hay que democratizar la sociedad en sí misma. Por eso es una radicalización total y revolucionaria, que va en favor de la afirmación de la vida y de la dignidad de la gente.

Regresando al coronavirus, por un lado, subrayas que ha supuesto una ruptura radical, un cambio de época y, por otro, que es una pandemia dentro de una pandemia. ¿Puedes ahondar un poco más en esta paradoja?

Acabamos de entrar en el siglo XXI, al igual que por ejemplo el XIX comenzó en 1830 con la Revolución Industrial y el XX con la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, dos partes del mismo proceso. La actual es una ruptura como acumulación de pandemias. El neoliberalismo es una pandemia que nos ha confinado desde hace cuarenta años con la idea de que no hay alternativa al capitalismo, concretamente, a un capitalismo totalmente antisocial, de privatizaciones, de liberalizaciones… Esta es una pandemia porque el mundo nunca ha sido tan desigual como ahora, con una concentración de riqueza tan grande. Y son cosas que se podrían resolver con un poquito de política social. El coronavirus no es una situación de crisis contrapuesta a una situación de normalidad, sino una cuarentena dentro de otra cuarentana. Solo superando la pandemia neoliberal estaremos libres de las cuarentenas provocadas por los virus. La pandemia del coronavirus viene por encima y por dentro de otra pandemia, el neoliberalismo. Y la hace explotar. Ahí es donde veo una ventana de oportunidades. Claro que se puede decir que eso es utópico, pero lo son todas las ideas antes de llevarse a cabo.

Entonces, ¿todavía hay esperanza?

Los jóvenes no formulan el problema en términos del fin del capitalismo, sino en términos del fin del mundo, como sucede con Greta Thunberg. No saben seguro si el capitalismo va a acabar, pero están convencidos de que el mundo se va a acabar. Es la tragedia de nuestro tiempo. Los jóvenes, creados en la idea de que no hay ninguna alternativa al capitalismo, han llegado a la conclusión de que el mundo va a acabar. Ahí no hay ninguna esperanza, es todo fatalidad. Y eso está siendo aprovechado por las derechas y las extremas derechas, por los evangélicos en América Latina, en Bolivia, en Chile o en Brasil, que lo están utilizando como una versión apocalíptica de todo. Es un pesimismo histórico que también se ve en la izquierda, por ejemplo, en [Giorgo] Agamben. Hay una mezcla de ideas estancadas en la idea de que no hay alternativa.

Hablando de la derecha y la extrema derecha, una de las lecciones que subrayas es que el coronavirus las ha dejado «definitivamente desacreditadas». Sin embargo, eso no parece corresponderse con la tendencia en muchos países.

«Una renta básica puede ser la única manera de garantizar que existan clases medias como las conocemos en Europa»

Los gobiernos de derecha y de extrema derecha tuvieron cuatro actitudes que, en conjunto, han sido desastrosas y, de ahí, su descrédito. La primera ha sido el negacionismo de la pandemia: Johnson [Inglaterra], Trump [Estados Unidos], Modi [India], Bolsonaro [Brasil], Moreno [Ecuador]… Aunque no es algo unívoco y, por ejemplo, también está Obrador [México], que no es de izquierda ni tampoco de derecha, es Obrador. Hay tendencias, pero no claridad. En todo caso, el negacionismo fue de derecha y de extrema derecha. La segunda actitud desastrosa fue la de buscar poderes de excepción para concentrar poder, bajo el pretexto de la pandemia. Pero no para resolverla, sino para concentrar poder: Orbán [Hungría], Aliyev [Azerbaiyán], Duda [Polonia], Akufo-Addo [Ghana], también Modi… La concentración de poder es muy clara en algunos países de derecha, no en todos, pues, por ejemplo, Inglaterra ni siquiera ha declarado el Estado de alarma. La tercera, bastante clara, es que, si se observa la orientación de los gobiernos, cuanto más a la derecha, más desprotección de la vida en la pandemia, más incompetencia a la hora de defender la vida.

O sea, se muestra que la derecha y la extrema derecha son muy buenas criticando, destruyendo, pero muy malas construyendo. Quieren destruir la salud pública, quieren destruir la educación pública, quieren destruir todo, pero cuando se trata de construir, como es la protección de la vida de los ciudadanos, no saben cómo hacerlo y buscan chivos expiatorios. Esta sería la cuarta característica de los gobiernos de derecha y de extrema derecha: para Modi, el chivo expiatorio son los musulmanes; para Trump, la oposición demócrata, China y la Organización Mundial de la Salud. Cada uno inventa sus chivos expiatorios para distraer la opinión de su incompetencia.

Ahora, incluso asumiendo que estas cuatro actitudes sea verdad, que así me lo parece como sociólogo, ¿qué va a pasar? Ciertamente, puede ser que logren seguir engañando a la gente y que la gente siga creyendo que la derecha y la extrema derecha tienen la solución para todo. Eso es posible y España es un caso muy peligroso en este momento. La lucha política va a estar ahí. Y va a haber muchos conflictos.

En reiteradas ocasiones has denunciado que otra de las estrategias de las derechas y de la extrema derecha es la jurídica, en concreto, usar el entramado jurídico de los Estados de derecho para tumbar gobiernos y cambiarlos. Se ha visto en América Latina y se está usando en Europa.

Es lo que llamamos la lawfare, una guerra jurídica, que supone una inversión total del activismo judicial, que pretendía hacer cumplir las constituciones en cuanto a los derechos sociales y de inclusión, que se estaban degradando y deteriorando. Ahora en algunos países se ha producido una inversión total de ese activismo judicial: se busca impedir una lectura progresista de las constituciones. El caso histórico fue Allende, en Chile. Y ahora el laboratorio ha sido, una vez más, Brasil. Estados Unidos está en camino, con todos los cambios que Trump ha hecho en el nombramiento de jueces de la Corte Suprema. El sistema judicial Brasil es muy revelador porque condensa una lucha abierta entre facciones distintas, lo que de momento no existe en Europa, donde hay un intento por mantener una división de unidad dentro del sistema judicial. Para nosotros, es parte de un corporativismo, de una conciencia de clase corporativa muy saludable. Pero ya se ha visto en los casos de la Polonia de Kaczyński y ahora en Hungría. Neutralizaron el sistema judicial.

Estoy seguro que también vamos a verlo en España, porque no es de ahora, sino que está ya latente en toda la cuestión de las autonomías y de la crisis de Cataluña, que ha visto cómo el sistema judicial español es conservador, monárquico y no contribuye de forma clara al fortalecimiento de la democracia, a pesar de haber organizaciones de corriente progresista. Incluso la renta básica podría ser cuestionada en las cortes. No está claro. Pueden inventar de todo para perturbar las medidas progresistas.

Pero si las derechas están teniendo actitudes desastrosas y se están desacreditando, ¿cómo consiguen convencer a tanta gente, en tantos sitios y durante tanto tiempo?

No está claro que las derechas estén ganando terreno teniendo en cuenta el mundo como unidad. La cosa es muy diversa, pero la reflexión tiene mucho sentido porque no es seguro que ahora la gente vire hacia los gobiernos de izquierda. Para que la derecha reconquiste la legitimidad necesita de fake news, de mucha manipulación. Sin una manipulación muy dura no lo van a lograr. Veremos a ver qué pasa con el control de las noticias falsas. Lo último es que Twitter, una red social que ha causado mucho mal a la democracia en general, intentó censurar a Trump. Pero cuando pasan las cosas en Estados Unidos, el dueño de Twitter se queda preocupado: si es la India no interesa, pero Estados Unidos es otra cosa. Va a ser una lucha política muy dura. Mientras que la derecha tiene a gente que ha estudiado muy bien las redes sociales para ver cómo se hace una destrucción de la democracia a partir de fake news, como Steve Bannon, la izquierda no tiene una lectura de las redes sociales, no sabe. Es el modo como la extrema derecha puede resucitar de su descrédito tras la pandemia. Y pueden hacerlo. Es una lucha política y nosotros no podemos descansar; las fuerzas políticas de izquierda, progresistas, democráticas no pueden descansar.

El mismo Trump está desesperado porque su popularidad está bajando debido a la incompetencia. En esa línea, por las informaciones que tengo, hay un peligro de invasión de Venezuela. Siempre que los presidentes de Estados Unidos están en vísperas de elecciones y no saben si las van a ganar, se inventan una guerra: Irak con Bush, Afganistán con Obama… y Trump ya no tiene otra guerra sino la invasión de Venezuela, que además es muy importante para neutralizar China. De ahí el peligro y, obviamente, la complicidad vergonzosa de la Unión Europea, España incluida.

Consideras que el coronavirus es la primera pandemia expandida directamente por la globalización. En esta línea, ¿qué rol juega lo local a la hora de plantar cara al virus?

«No tiene sentido que la salud global sea solamente la salud de los humanos, tiene que ser la salud de la naturaleza»

La pandemia es la primera hija directa de la globalización porque, por ejemplo, mientras la mal llamada gripe española tardó dos años cubrir todo el planeta, el coronavirus apenas tardó tres meses. Es un producto típico de la globalización y por eso nosotros estamos pensando en un tiempo de desglobalización, por ejemplo, de la cadena de la alimentación, es decir, de soberanía alimentaria. Hay que dar prestigio al conocimiento local, vernáculo, popular, porque es una manera de trascender lo local. Es lo que llamo la «ecología de saberes», que no tiene nada en contra de la ciencia. Es un intercambio de conocimientos. De aquí al futuro, lo que sea bueno para los indígenas será bueno para nosotros, no solamente para ellos: nosotros no vamos a vivir como un indígena, no podemos, pero tenemos que defender su lucha para defender nuestra vida. Tenemos que dar prestigio a lo local con una intención global. Necesitamos de otra imaginación política y epistemológica.

¿Y cuál es el rol de lo global en esa búsqueda de soluciones a la COVID-19? ¿Qué hay, por ejemplo, de la ciencia, de la confianza depositada en que encuentre cuanto antes una vacuna universal?

No podemos pedir a la ciencia moderna que resuelva el problema. Eso no significa negar la ciencia, sino que esta tiene que reconocer sus límites y su pluralidad interna, además de que hay otros saberes vernáculos, ancestrales, populares, indígenas, campesinos, que nos han dicho que este modelo no es de desarrollo sino de subdesarrollo y destrucción. No tiene sentido, en este siglo que empezó con la pandemia, que la salud global sea solamente la salud de los humanos, de la vida humana. Tiene que ser la salud de la naturaleza, de la vida en el planeta. La vida humana es apenas 0,01 por ciento del planeta, un porcentaje muy pequeño, pero que está interfiriendo de tal manera que la Tierra se defiende y puede haber una extinción. Los dinosaurios acabaron con el meteorito y nosotros podemos acabar por nuestra forma de desarrollo. El planeta puede seguir sin nosotros. Esa hipótesis ya está planteada desde hace mucho tiempo, por ejemplo, con la idea de Gaia de Lovelock.

La ciencia moderna, en este modelo de desarrollo, ha despreciado todos los conocimientos que defienden la naturaleza. El 75% de la biodiversidad está en territorios indígenas, que son los guardianes de la madre tierra. Nosotros no sabemos de eso. Sabemos de agricultura industrial, pero no de otras cosas, y tenemos que aprender con ellos. Hay un aprendizaje desde el Sur, lo que llamo las «epistemologías del Sur». Y desde el Sur no se piensan soluciones globales, sino soluciones contextualizadas.

En la transición necesitamos una imaginación transescalar, o sea, hay cosas que debemos pensar globalmente y otras localmente. Los pueblos saben hacerlo. Si vas por África o por América Latina, los campesinos que están siendo desplazados de sus tierras saben que la causa no es local, sino global. La gente sabe articular, pero no sabe transformar eso en política. Eso es lo que deberemos transformar y pensar. Ya estuvimos más adelantados que esto, por ejemplo, con el Foro Social Mundial (FSM), del que yo fui uno de los animadores. Esa era la idea. Simplemente, estamos prácticamente acabados, hay un debate enorme sobre si va a haber un FSM en México en 2021, porque no estamos de acuerdo sobre los instrumentos políticos para poder crear agendas simultáneamente locales y globales. Queríamos el consenso de todos… y el consenso te mata, es una manera de impedir cualquier decisión.

¿Cómo va a ser esa «nueva normalidad» de la que tanto se habla?

No vamos a entrar en un período de postpandemia, sino de pandemia intermitente. Si no se cambia el modelo de desarrollo, van a venir más. En este escenario habrá un período nuevo, con nuevas olas y nuevas mutaciones del virus. Mi idea es que vamos a calmarnos un poco, que la gente va a pensar que está todo bien y la pandemia va a volver. Esta incertidumbre va a entrar de lleno en la normalidad, una normalidad que ya era fatalidad para los empobrecidos, para los precarios, los autónomos, las mujeres, las víctimas de racismo… Y va a ser peor si no cambiamos. Es un momento difícil, vivimos en un mundo semicerrado y no sabemos si lo que sabemos hasta ahora va a servirnos para el futuro. No queremos la normalidad que teníamos, pero tampoco sabemos cómo será la nueva. Vamos a pasar por un período muy difícil y los pueblos no van a aguantar más. Ya antes había movilizaciones: Colombia, Túnez… no creo que la gente aguante más austeridad, tampoco en Europa. Por ejemplo, la deuda de Italia es impagable, sería el fin de la Unión Europea. Si seguimos con las mismas recetas, vamos a tener revueltas. Los capitalistas son conscientes de que tienen que cambiar algo para continuar con el capitalismo, por eso veremos cambios superficiales que en realidad dejarán las cosas como están.

Si revisamos los estudios de la CIA, su último gran informe, Global Trends 2030, dice que en 2030 China será la primera economía del mundo y Estados Unidos la segunda. Eso será un cambio brutal, tectónico, en las relaciones internacionales. Trump se explica un poco por esa razón. La pandemia está adelantando los plazos. El derrumbe de las instituciones internacionales es otro ejemplo. Trump acaba de decir que se va a salir de la Organización Mundial de la Salud, precisamente cuando más necesaria es ese apoyo económico, cuando necesitamos otro concepto de salud.

En ese cambio por el que estás trabajando, ¿qué importancia tendrán las movilizaciones y los movimientos sociales?

En los próximos tiempos, la política institucional –los partidos políticos, los sindicatos, etc.– va a ser una parte más de la política, mientras que la otra política va a ser extrainstitucional: movilizaciones, protestas, calle. Pero no está claro que estas políticas extrainstitucionales vayan a ser necesariamente de izquierdas, pueden ser de extrema derecha, como vemos en Brasil, en la India y en España también. Esta complejidad es la que obliga a la ruptura del pensamiento político de izquierda, que aún no ha despertado en este sentido. Yo estoy a favor de la calle, de la protesta extrainstitucional, pero cuidado porque puede ser de izquierda, pero también de extrema derecha. Hay que saber lo que se está haciendo. Hay muchos partidos de izquierdas que llaman a movilización y dos días después la calle está dominada por la extrema derecha, con la izquierda totalmente desarmada.


Mª Ángeles Fernández y J. Marcos son periodistas en Desplazados.org.


MovimientoSocialDiscapacidadColombia11:23 (hace 3 horas)
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Bogotá, 13 de marzo de 2019

Señor Jairo Clopatofsky Ghisays Presidente Consejo Nacional de Discapacidad Ciudad Reciba un cordial saludo, durante los últimos meses hemos visto con preocupación que se han venido presentando situaciones en relación al Sistema Nacional de Discapacidad y nosotros como Consejeros Nacionales elegidos por la sociedad civil del país, tenemos inquietudes que aclarar para dar respuesta directa a la Poblado con discapacidad de Colombia.

1. Necesitamos se nos compartan los planes que tienen, para tomar la decisión de trasladar la Rectoría del Sistema Nacional de Discapacidad a la Consejería Presidencial para la Participación de las Personas con Discapacidad. Queremos manifestar nuestra preocupación, puesto que el traslado al Ministerio del Interior obedeció a una decisión analizada en donde la voz de la sociedad civil fue fundamental en el pasado gobierno, que pretendía ubicar al SND de discapacidad en la instancia de gobierno que se encarga de los Derechos Humanos de las minorías acorde al enfoque social y de derechos propuesto por CDPD, ratificada por Colombia. Además, es prioritario darle un carácter transversal a la participación de las personas con discapacidad, desde otros grupos, mujeres, población afro, entre otros. Así mismo, se hace necesario conocer cuál es el plan que tiene prevista la alta consejería para: 1. El seguimiento y ejecución del Plan de Acción del Sistema Nacional de Discapacidad, para garantizar la participación real y efectiva de los representantes de la sociedad civil. 2. Nos preguntan desde los territorios en qué consisten los Pactos por la Inclusión que se han firmado desde la Alta Consejería con Alcaldes y Gobernadores en varias ciudades y cual es el rol de SND en estos compromisos. 3. Necesitamos aclarar en qué consisten los Centros de Rehabilitación Inclusiva y cómo están vinculados todos los sectores: salud, educación, empleo entre otros y con qué recursos se van a financiar. 4. La ley de Cuidadores desde nuestra lectura presenta muchos vacíos y consideramos necesario sea revisada por la instancia técnica que es el GES y evitar dar conceptos equivocados a las familias. 5. Importante aclarar que como Consejo apoyamos la ley 1878 del ICBF y es necesario de igual manera trabajar desde todos los sectores para establecer mecanismos que garanticen procesos de inclusión de las personas que equivocadamente se han mantenido en internados y programas del ICBF por toda la vida. Preocupa que la secretaria técnica y la alta Consejería se estén reuniendo con instituciones interesadas en derogar la ley y el trabajo que se viene adelantando por la inclusión de todas las personas con discapacidad. Adicional a lo anterior y en pro de la transparencia solicitamos sea entregado y socializado un informe a todos los miembros del CND tanto técnico como financiero sobre el impacto del proceso de fortalecimiento realizado al finalizar el año 2018 que fue acompañado por Consejeros Nacionales de Discapacidad en 10 regiones del país. Estamos convencidos que es importante conocer la respuesta a nuestros interrogantes, para poder continuar con nuestro propósito como CND de ser la instancia consultora y de asesoría institucional del Sistema Nacional de Discapacidad, de carácter permanente, para la coordinación, planificación, concertación, adopción y evaluación de las políticas públicas generales y sectoriales para el sector de la discapacidad y Contribuir al desarrollo de estrategias que permitan crear condiciones de institucionalización del tema de discapacidad, en las diferentes entidades públicas y privadas, haciendo de este un tema transversal a las mismas.

Atentamente, CONSEJEROS NACIONALES DE DISCAPACIDAD Representantes de la Sociedad Civil.

Salam Alexis Gómez Motta Consejero Nacional de Discapacidad Representante de las Organizaciones de personas con discapacidad psicosocial fundamentalcolombia@gmail.com

Mónica Alexandra Cortés Avilés Consejera Nacional de Discapacidad Representante de las organizaciones de padres de familia de personas con discapacidad cognitiva monica.cortes@asdown.org

Hernán Perilla Prieto Consejero Nacional de Discapacidad Representante de las Organizaciones de personas con discapacidad física hernanperilla@gmail.com

Olga Lucia Montes Paredes Consejera Nacional de Discapacidad Representante de las Organizaciones de personas con discapacidad múltiple olgalu2629@hotmail.com

Jorge Enrique Muñoz Consejero Nacional de Discapacidad Representante de las Organizaciones de personas con discapacidad visual presidencia@conalivi.net

Gilda Marina Toro Prada Consejera Nacional de Discapacidad Representante de las Instituciones Académicas de nivel superior gtoro@unisalle.edu.co

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AGENDA MÍNIMA PARA LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD EN COLOMBIA (2018-2022)

Introducción y Contexto

 

El Movimiento Social de Personas con Discapacidad Colombia (MOSODIC) y la Coalición en Colombia para la Implementación de la Convención ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, con el objetivo de visibilizar, incidir y aportar en la formulación de acciones del gobierno nacional en materia de inclusión social de las personas con discapacidad y sus familias; presentamos este documento con 5 aspectos fundamentales en materia de inclusión social y desarrollo, claves para el ejercicio de los derechos de las personas con  discapacidad en Colombia.

 

 

Considerando que:

 

Durante los últimos 60 años en Colombia se ha incrementado el número de personas con discapacidad como consecuencia del conflicto armado interno, de la desigualdad socioeconómica que vive el país especialmente en los sectores rurales y entre los grupos étnicos minoritarios, de la desarticulación de las instituciones y entidades que desde el Estado han determinado a la población con discapacidad desde el enfoque asistencialista sin comprender la realidad que enfrenta este colectivo en materia de reconocimiento de sus necesidades y derechos como sujetos políticos. En los municipios y departamentos del país las personas con discapacidad tenemos los más bajos índices en la satisfacción de las necesidades básicas, los más bajos resultados académicos, una menor participación económica, y unas tasas de pobreza más altas que las personas sin discapacidad.

 

Es por esto que las siguientes propuestas se enmarcan en la ruta de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, en nuestra comprensión y aprendizaje como sujetos sociales y de derechos, así como actores determinantes para el cambio social y cultural de nuestro país.

 

  1. Transversalización de la discapacidad en la Arquitectura Institucional y las políticas públicas

De acuerdo con los más recientes datos del Censo Nacional (2018), el número de personas con discapacidad superan el 7% de los colombianos. Se hace necesario depurar todas las barreras sociales, políticas y económicas que enfrenta la población colombiana con discapacidad y trazar una política de estado que asegure la igualdad de oportunidades para todas las personas de nuestra población.

 

Las personas con discapacidad inmersas en las distintas poblaciones que componen al país, difícilmente son insertas en la planeación nacional de desarrollo socioeconómico y mucho menos en nuestros departamentos y municipios, dado que aún experimentamos múltiples barreras que obstaculizan el acceso a los espacios de participación ciudadana vinculante; de educación y de formación como sujetos políticos, en razón de la discapacidad.

Para ello proponemos:

  • Replicar el conocimiento masivo a las personas con y sin discapacidad acerca del sistema nacional de discapacidad y de NO-Discriminación a través de internet, redes sociales y medios de comunicaciones privados y comunitarios
  • Mantener actualizado los informes de derechos humanos de personas con discapacidad y su observatorio con recursos propios como insumo de las políticas públicas
  • Ratificar el protocolo facultativo de la Convención sobre las personas con Discapacidad, tratado de Marrakech y el Protocolo Opcional de la Convención Contra la Tortura y otros Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes (OPCAT).
  • Aplicación efectiva y preferente de la Ley 1752 de 2015, Antidiscriminación, con reparación para los afectados.
  • Garantizar la participación de las personas con discapacidad mediante circunscripción especial
  • Acatar plenamente los mandatos de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en articulación con las metas trazadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS y la agenda 2030

 

 

  1. Autonomía Jurídica

 

Para que una persona sea autónoma se necesita que le respeten su personalidad jurídica y sus derechos fundamentales. Al respecto la ONU hace referencia en sus recomendaciones al ejercicio de la capacidad jurídica.

Las personas con discapacidad (sin importar el tipo de discapacidad) tradicionalmente se han visto privadas de su capacidad jurídica, ya sea por legislación restrictiva que afirma protegerlas tal como sucede con la ley 1306 de 2009 y disposiciones del Código Civil, pero especialmente por toda una cultura que las priva de poder tomar decisiones asumiendo que su discapacidad les impide hacerlo. De este modo se promueven graves vulneraciones hacia las Personas con discapacidad en su vida íntima, en sus decisiones sobre salud sexual y reproductiva, carecen por completo de acceso a la justicia, no pueden trabajar en condiciones dignas y están expuestas a ser abusadas y explotadas por sus curadores.

Por tanto se sugiere y/o recomienda:

  • El proyecto de ley 027 de 2017, que cursa y reforma el régimen de capacidad jurídica en Colombia, en consonancia con lo señalado por el Comité de la CDPD en las Observaciones al Estado colombiano.
  • Eliminar de la tradición bio-médica, la contención mecánica, la sedación forzada, la institucionalización psiquiátrica sin consentimiento, la interdicción, la esterilización, la negación de derechos políticos, sociales y económicos para personas con discapacidad y se registren sus quejas como denuncias por discriminación.
  1. Educación Inclusiva

El acceso a la educación es la barrera inicial que restringe a las personas con discapacidad a  las posibilidades de obtener un trabajo de calidad.  Según el  RLCPD de 2013, de cada 100  colombianos  con discapacidad, 66 saben leer  y  escribir y en el caso de los niños entre 5  y  14 años de edad es del 33%. El 17% de personas con discapacidad terminaron sus estudios secundarios y sólo el 3.4% lograron terminar estudios técnicos o superiores.  (CONPES 166 Pag 23).

Para lo anterior proponemos:

  • Destinar un porcentaje específico del presupuesto nacional de educación para la implementación de la política de educación inclusiva, repartidos de acuerdo con la concurrencia presupuestal y cuya ejecución esté destinada al aumento y sostenimiento de coberturas, la cualificación de docentes, ajustes razonables en infraestructura, material pedagógico y nuevas tecnologías; y donde se haga prioridad en las regiones, en las zonas rurales y en los territorios afectados por la violencia.
  • Garantizar el acceso en igualdad de condiciones y oportunidad a la educación básica, secundaria y media vocacional de calidad y eficiencia, bajo la exigencia de implementar el currículo flexible, la cualificación docente y la incorporación de las variables de discapacidad en los proyectos educativos.
  • Reducir en el 80% los costos de matrícula para estudiantes con discapacidad en las universidades públicas, como único mecanismo efectivo para garantizar el acceso, permanencia y egreso de las personas con discapacidad de la educación superior.
  • Establecer un fondo especial en el Icetex para estudios de pregrado y posgrado para estudiantes con discapacidad, similares a los fondos especiales existentes para los grupos étnicos.
  • Destinar el 6% de las becas para la formación de alto nivel ofertadas por Colciencias para profesionales universitarios con discapacidad.
  • Garantizar a través de Colciencias la financiación  de proyectos de investigación, innovación y desarrollo constituido por personas con discapacidad y enfocados a analizar y aumentar la calidad de vida de esta misma población.
  • Ampliar las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), TAC (Tecnologías del aprendizaje y el conocimiento) y TEP (Tecnologías del empoderamiento y la participación) como herramientas para una verdadera educación.

 

  1. Inclusión Laboral

Más de la mitad de la población con discapacidad es de bajos recursos y recibe atención médica subsidiada por el Estado. Dentro de la población con discapacidad hay más desempleo y carencia de trabajo de calidad, con predominio del trabajo informal, sin prestaciones sociales. (CONPES 166 Pág. 27).

El trabajo para las personas con discapacidad, requiere de ajustes razonables con el enfoque diferencial; pero lo que más necesita es de la difusión de una conciencia social entre empresas y sociedad frente a la deuda de inclusión de personas con discapacidad.

Al respecto proponemos:

  • Disponer del 6% de cupos disponibles en el SENA para personas con discapacidad, de forma que se pueda aumentar y garantizar el acceso, permanencia y egreso de esta población en la formación para el trabajo. Este mecanismo de cuotas debe priorizar a las mujeres con discapacidad y debe estar acompañado por el apoyo y financiamiento del sector privado.
  • En el marco de la implementación del Decreto nacional 2011 de 2017 y para Asegurar efectivamente  los porcentajes de vinculación laboral, es necesario conformar una mesa técnica de concertación que conforme al literal 9 del Decreto en mención, debe incluir además del Ministerio del trabajo y el Departamento Nacional de la función pública, a las organizaciones de personas con discapacidad, organizaciones no gubernamentales que atienden la inclusión laboral de personas con discapacidad y a los sindicatos que agrupen trabajadores de esta misma población. Esta Mesa técnica de concertación debe realizar seguimiento a los temas relacionados con la asesoría y garantía de ajustes razonables en instituciones privadas. Esta mesa debe estar adscrita al Ministerio del trabajo y en este tendrá su respectiva secretaría técnica que asegure su desarrollo.

Igualmente, la secretaría técnica de esta mesa de concertación, deberá realizar seguimiento y control sobre los casos de omisión, desacato o violación del Decreto en mención.

  • Condicionar la contratación de profesionales con discapacidad en las áreas, programas, secciones, equipos de enfoque diferencial o de atención a la diversidad entre otros, de forma que sean los profesionales con discapacidad quienes desde su experiencia de vida, su reflexión académica y su acumulado de investigación, gestionen y lleven los temas y asuntos propios de la discapacidad en todas las instituciones del estado.  
  • Para fortalecer la responsabilidad social del sector privado y como una forma de asegurar una acción global de vinculación laboral de personas con discapacidad, es necesario establecer una ley nacional que reglamente las cuotas y porcentajes de vinculación laboral de personas con discapacidad en empresas e instituciones del sector privado, así como de las flexibilidades o exenciones tributarias que puedan coadyuvar en la implementación de estas acciones sociales. Esta Ley debe partir del porcentaje condicionado del 2% y gradual exponencialmente de acuerdo a la cantidad de empleos existentes en cada empresa. Esa Ley nacional deberá regular las respectivas sanciones por la omisión o desacato de la misma.
  • Todas las políticas públicas de vinculación laboral de personas con discapacidad debe contemplar y asegurar condicionadamente una dimensión de la flexibilidad laboral que tiene como punto de partida la práctica contemporánea del teletrabajo, así como la comprensión de las condiciones particulares de cada trabajador con discapacidad.
  • Establecer una ley reglamentaria de ajustes razonables y accesibilidad arquitectónica, mediante la cual se pueda definir una agencia nacional que realice el seguimiento y control de la aplicación nacional de ajustes necesarios para el desempeño laboral de personas con discapacidad en instituciones públicas y privadas, y a su vez realice seguimiento y control a la implementación del diseño universal en construcciones públicas y privadas, así como en todos los sistemas de transporte. Esta ley debe considerar un fondo de recursos mixtos (público-privados), para subvencionar los requerimientos de ajustes razonables en instituciones del sector privado.
  • Instaurar mecanismos efectivos para la verificación de vinculación laboral de personas con discapacidad en los procesos de licitación y contratación pública, de entidades privadas e instituciones del estado

 

 

  1. Víctimas con discapacidad como sujetos de reparación colectiva

En la situación de conflicto por la que atraviesa nuestro país, la población que resulta afectada en su integridad física o psicológica por efectos de la confrontación armada, son víctimas de la violencia. Sin embargo, no solo están las personas que adquieren la discapacidad por la violencia directa, sino quienes previamente siendo personas con discapacidad terminan afectados por el desplazamiento y las consecuencias directas del confrontamiento.

El conflicto ha debilitado los servicios de atención a las personas con discapacidad, ya que los recursos y los programas de bienestar social son encaminados a atender otros sectores poblacionales; lo cual no solo ha agudizado las conflictividades sociales, sino que ha acrecentado las desigualdades, la exclusión y la segregación recaídas con mayor fuerza y crudeza sobre la población con discapacidad en los sectores rurales, de los grupos étnicos y  de los grupos minoritarios de todo el país. 

El Estado debe responder a pronunciamientos como el Auto 006 del 2009, y la Sentencia 173 de 2014, las cuales obligan al Estado colombiano a adelantar medidas de atención a personas en situación de desplazamiento y con discapacidad.

 

En consecuencia, las víctimas con discapacidad proponemos:

  • Dar continuidad sin barreras, pero con control, a la ley 1448 de víctimas, con la reparación administrativa inmediata de las víctimas con discapacidad y sus familias, de forma que se disminuya la crisis humanitaria por la cual atraviesan.
  • Una Pensión para personas víctimas y con mayor grado de dependencia. Pensión con cotización sobre la base del 30% del SMM, con mesada de acuerdo con el 70% del SMMLV.
  • Destinar un porcentaje específico de las regalías a programas de atención a personas con discapacidad en departamentos y municipios rurales, donde se realicen actividades de extracción minero-energética; este porcentaje debe estar relacionado y concurrir al porcentaje de personas con discapacidad localizada y caracterizadas en los departamentos y municipios.
  • Generar programas y acciones de financiación público-privada para proyectos productivos que permitan la equiparación de oportunidades de los diferentes actores armados con discapacidad que han intervenido en el conflicto interno.
  • Establecer un mecanismo interinstitucional y social que garantice la reducción efectiva de los riesgos socioambientales que generan discapacidad en el marco del conflicto armado.
  • Establecer un espacio efectivo interinstitucional y social de control y Seguimiento a los lineamientos de la convención de Ottawa, respecto al desminado humanitario.
  • Establecer un fondo especial, financiado a partir de la apropiación del 6% de presupuesto destinado al sector de seguridad y defensa, para garantizar tanto la inserción socio laboral y educativo de la población con discapacidad víctimas de minas antipersonal, artefactos explosivos y munición sin explotar; así como para la investigación tecnológica y la rehabilitación de esta misma población.
  • Fomentar y financiar investigaciones y acciones institucionales que permitan documentar, esclarecer y dar cuenta sobre la ejecución extrajudicial de personas con discapacidad (casos de falsos positivos), así como de la explotación, violencia y abuso de niños, niñas y mujeres con discapacidad durante el conflicto armado; de tal forma que se puedan establecer las responsabilidades desde las competencias de la rama judicial.

Porque somos constructores de esperanza, porque creemos en la paz con justicia social y ambiental y porque deseamos profundamente arrebatarle la vida a la guerra; somos el Movimiento Social de Personas con Discapacidad Colombia (Mosodic)  

Coordinación Nacional -Mosodic-

www.mosodic.org